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LA PERSONA LGBTI COMO CIUDADAN@

Reflexiones éticas desde prisión.

En la sociedad moderna ser ciudadan@ implica una serie de derechos y deberes que nos hacen partícipes de un Estado Social de Derecho, que debe proteger y garantizar que gocemos de nuestros derechos fundamentales en educación, salud, trabajo y demás al proporcionar un ambiente de respeto y tolerancia para poder vivir en un entorno que nos permita como individuos disfrutar de nuestra libertad, sin vulnerar la libertad de los otros.

Desgraciadamente hoy en día, encontramos que en esta misma sociedad, por un lado, se lucha porque todos y todas como ciudadan@s podamos gozar de nuestros derechos, pero por otro lado, nuestros propios prejuicios culturales, morales y religiosos nos impiden avanzar en éste propósito.

Siendo así, las personas lgbti debemos sortear una serie de obstáculos que el Estado, la sociedad y cada cuál como individuos nos imponemos para ocupar un lugar en el mundo. Ser tratad@s con dignidad por parte de los entes del Estado y que ellos cumplan con su misión de servir a la población, sea cual sea su origen, culto, grupo étnico, ideología u orientación sexual, debe ser una obligación, pero también es a nosotr@s a quienes corresponde emprender la lucha y empoderamiento como sujetos ante el Estado; que no solo nos configuremos como ciudadan@s cuando haya que votar o decidir frente a un acontecimiento importante de nuestro país, volviendo luego a ser el o la ciudadana pasiva que se somete a la marginación y el olvido.

Si bien es cierto que la comunidad lgbti ha emprendido grandes luchas y conquistado consecutivos logros, aun no es suficiente, pues la mayoría de individuos esperamos que otr@s conquisten para nosotr@s las reivindicaciones, sin que emprendamos una participación individual que nos haga responsables de nuestras propias necesidades personales. Pues cada integrante de la comunidad lgbti tenemos nuestras particularidades.

Nos victimizamos creyendo que mendigar un reconocimiento y la restitución de nuestros derechos es más que suficiente, conformándonos así con las migajas que el Estado nos quiera dar, lo cual es sencillamente una actitud parasitaria que nos sume en la mediocridad, siendo esta la ocasión perfecta para que quienes acaparan el poder hagan lo que a su parecer y a su circulo social les parece “correcto” o “sensato”. Este no es mas que el cíclico dominio y sometimiento que a lo largo de la historia humana hemos vivido.
Si bien es cierto que existen personalidades lgbti notables públicamente, observamos que en su mayoría provienen de círculos sociales herméticos con poder, y l@s otr@s poc@s que emergen del común, terminan siendo absorbid@s olvidando su origen.

Esta es la destacada y caricaturesca cara de la doble moral presente en la sociedad, que por un lado nos vende un mundo supuestamente nuestro, basado en la libertad y la autonomía, pero cuyo trasfondo es más denso y perverso, pues no somos más que sus marionetas manipuladas por la preocupación aparente de los acaudalados gracias a la desdicha del miserable.
Es cierto que todo ser humano es sujeto de derechos, pero es a cada individuo particular a quién corresponde saber la aplicabilidad de tales derechos y los mecanismos para hacerlos efectivos. La comunidad latina nos hemos caracterizado por ser la cultura colonizada y dominada, y aun nos cuesta exigir y apropiarnos de lo que somos como individuos pues esto define la forma en que nos enfrentamos a la sociedad, entorno y gobernantes.

Sabemos entonces que vivimos dentro de un Estado que debe velar por nuestro bienestar, pero ¿qué hago yo para acceder a esto? ¿espero a recibirlo por obra y gracia divina o lucho por su conquista?, pues no debemos seguir siendo idiotas útiles tomados y dejados a conveniencia de quienes poseen el poder y lo usan para asegurar su comodidad y ensanchar sus cuentas bancarias a costa de la precariedad y la ignorancia en la que estamos sumidos.

Este es un vistazo panorámico de la sociedad en general que nos sirve como referente para pensar en la situación particular de la comunidad lgbti; ésta no sólo tiene que cargar con los lastres atrás mencionados, sino que además debe llevar sobre sí los prejuicios y estigmas, la falta de oportunidades educativas, laborales, exclusión, marginamiento y discriminación. Monstruos que debemos enfrentar y derrotar para construir una sociedad equitativa e igualitaria.
Buscar culpables de nuestras dificultades no es la solución, pues esta debe partir de nosotros mismos, siendo autocritic@s, asumiendo la responsabilidad de luchar, teniendo compromiso social, sensibilidad humana, voluntad de acción, decisión de transformación, capacidad de organización y movilización buscando con ello como remediar una realidad en la que muchas veces somos nuestr@s propi@s victimari@s.

De acuerdo con lo anterior podemos concluir que las implicaciones morales de ser un o una ciudadana lgbti, van más allá del acceso a un registro civil y una cédula de ciudadanía si ello no se acompaña del empoderamiento de nuestra condición singular y luchamos por ella.

Laura Katalina Zamora Moncaleano.
mujer transexual.

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