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Andrea Aramayo: cuando el duelo cambia el negro por colores para denunciar la impunidad

Los globos y las prendas de vestir de los acompañantes mostraban un cuadro totalmente apartado de la idea de un cortejo fúnebre. Allí, a las puertas de “La virgen de los deseos” iniciaba “La ruta de colores contra la impunidad”.

Andrea Aramayo: cuando el duelo cambia el negro por colores para denunciar la impunidad

La madre de Andrea, Helen Álvares junto a su hijo, Guillermo y demás familiares Foto: ANF
La Paz, 22 de agosto (ANF).– Presurosos llegan uno a uno los medios de comunicación y preparan la parafernalia tecnológica que llevan consigo. Cuando brilla el primer flash de una cámara, nos damos cuenta de que el destello no era necesario, pues era un sábado muy claro y despejado, como si la naturaleza supiese que debía ser la jornada más adecuada para llevar a cabo, lo que la madre de Andrea Aramayo Álvarez llamó, una fiesta de despedida.
Los globos y las prendas de vestir de los acompañantes mostraban un cuadro totalmente apartado de la idea de un cortejo fúnebre. Allí, a las puertas de “La virgen de los deseos” iniciaba “La ruta de colores contra la impunidad”.
Niñas, niños,  jóvenes, mujeres y hombres caminaban tras el vehículo que trasladaba los restos por distintas calles de la ciudad de La Paz, lugares por las que en alguna oportunidad deambuló en vida. Esa fue la forma cómo su madre, hermano, amigas, allegados  y el colectivo Mujeres Creando, decidieron despedirla: “como una luz que iluminará el camino para seguir la lucha contra la violencia hacia las mujeres”.
Fueron cinco paradas emotivas las que vivieron durante el recorrido, sitios donde se recordaron sus sueños y donde también se debía demandar justicia no sólo para la joven, sino para las miles de mujeres que vivieron en carne propia su experiencia.
El inicio: “Yo he criado una chica mala…”
― No quiero que ella se vaya con luto, con negro. Se va con una polera que le ha puesto mi hijo Guillermo y que dice: “Las chicas buenas se van al cielo, las chicas malas se van a Berlín”.  Yo he criado una chica mala, porque no quiero una hija sometida. Y no quiero que las chicas jóvenes por ser buenitas se sometan, y que esos que parecen príncipes azules, pero que son criminales, las abusen; no quiero que las violen, que las maten.
Escuchar a Helen Álvarez crea una enorme admiración en las personas que tiene alrededor. Lleva entre sus brazos un marco con la fotografía de su hija, la que sostiene cual invalorable tesoro. Pese al dolor que no necesita explicar, inmuta a cada una de las personas que se mantienen a su lado.  Lo que sigue dejó pensando a más de uno.
―Y a los hombres jóvenes, a mi hijo, les digo: ¿Por qué las mujeres tenemos que tener miedo de los hombres?  A los hombres les digo: No hay un asesino en cada uno de ustedes…pero tienen una gran responsabilidad para que nos los miremos como potenciales asesinos o violadores― sigue la marcha.
Primera parada:   “Mamita, puedes irte a Berlín, y vas a ir conmigo a donde yo vaya porque estás en mi corazón…”
El vehículo sigue por cercanías del atrio de la Universidad Mayor de San Andrés, y son los y las estudiantes que buscan el mejor lugar para tomar una foto o intentar ver lo que aquel carro plateado llevaba en su interior. Algunos murmuran si es ella; otros lo confirman preguntando, las más decididas adquieren globos y se unen a la caravana que al momento alcanzó una cuadra completa.  De pronto, la voz de María Galindo, pide silencio para que inicie otro emotivo discurso.
―Ahora, mamita, puedes irte a Berlín, y vas a ir conmigo a donde yo vaya porque estás en mi corazón, y quiero que tus sueños se cumplan en los sueños de todas las mujeres jóvenes que quieren vivir en libertad.  Quiero que ellas piensen en su independencia económica que es un primer paso para la libertad.  No podemos estar pendientes de estudiar cosas de mujeres, hagan lo que quieran, sean chicas malas, a las hijas buenas nos someten…
Tras el montón de periodistas que alargan la mano para conseguir el mejor audio o imágenes, se encuentra una niña que sostiene un globo en cuya superficie lleva inscrito “Justicia para Andrea”. Va de la mano de su abuela, quien no escatima esfuerzos para lograr confundirse con las múltiples voces: “No fue accidente, fue feminicidio…”. El automóvil sigue su curso.
Segunda parada: “No sirve esa ley… Lo que va a servir es esto que está ocurriendo…”
―Andrea, estamos frente al Ministerio de Justicia, para decir que la Ley 348 para garantizar una vida libre de violencia hacia las mujeres no sirve.  Ya son tres años de ley y estás delante mío muerta.  Yo estoy con tu foto porque está tu sonrisa, está tu alegría, están tus ganas de bailar, de bailar por la vida, de vivir una vida de colores, eso es lo que quiero que vea tu hija.
Con el paso del tiempo el recorrido va cobrando más color. Son más globos, más pancartas, más chicos y chicas. La prensa sigue de reojo el recorrido de la marcha que logró incrementarse en un cien por ciento.
―Cuando fui a pedir el formulario que dice la ley que todas las clínicas y hospitales deben tener para denunciar hechos de violencia, me han dicho que ese formulario no existe.  La médico que ha sido la primera en auxiliar a mi hija dijo que iba a hacer un informe de cómo había llegado ella, pero cuando voy a recoger el informe que según la ley se supone tienen que entregarme, la dueña de la clínica Santa María, que es a donde primero la llevaron, me pide “requerimiento fiscal” ¿Cómo puedo confiar en el informe de la clínica Santa María si no sé cuánto tiempo va a tardar el requerimiento fiscal para que me entreguen ese informe.  Su ley no sirve…
Saber de los hechos, de los cuales muy pocos sabían, creó un ambiente de consternación e impotencia en los que escuchaban atentamente las palabras de la madre.  A esa hora, un arcoíris de globos de colores irrumpía el prado paceño. Ya había perdido la cuenta de la cantidad de veces que leía o escuchaba  el apellido Kushner, de las cuales, una fue la más intensa.
―William Kushner Dávalos pasó de ser un encantador príncipe azul a ser un macho violento asesino.
Tercera parada: “Estamos cerquita de Tránsito, donde han intentado hacer aparecer esto como atropello a peatón”
A esa hora, el sol pasa factura por el acuerdo con la madre naturaleza. Es un medio día despejado y con una temperatura que probablemente haría pensar a más de uno abandonar la comitiva, mas no creo que sea éste el caso. El bullicio de las bocinas no intimaron las denuncias de Helen, que no hubiera necesitado el megáfono para expresar lo que su corazón gritaba.
―Estamos cerquita de Tránsito, donde han intentado hacer aparecer esto como atropello a peatón.  Tú no estabas caminando en una acera ni un imprudente conductor te ha atropellado: William Kushner Dávalos es el que te ha embestido, es el que te ha asesinado y Tránsito ha omitido eso, ha obstaculizado casi todo el día miércoles: la toma de declaraciones que contextualice lo que en verdad ha ocurrido. El carro que te ha atropellado no ha sido guardado como debería para luego tener la evidencia, y la calle tampoco ha sido precintada a tiempo…
Cuarta parada: “En un feminicidio, una autopsia imparcial es fundamental”
―Andrea, estamos frente al Instituto de Investigaciones Forenses.  En un feminicidio una autopsia imparcial es fundamental.  Era importante que tú hables, que tu cuerpo hable, que tus heridas hablen, pero intentaron que se haga una autopsia sin la presencia de nuestra perita forense, sabiendo de la influencia que tiene la familia Kushner en el ámbito de la salud.  No podíamos permitir que hagan una autopsia en una hora, cuando se necesitaba todas las pruebas.  En una autopsia que ha durado cuatro horas, tú les ibas diciendo con tus heridas ¡William Kushner me ha asesinado!
Creo que son los minutos más largos del recorrido. La impotencia y rabia lucha en el interior de los oyentes que sólo atinan a fruncir el ceño, como símbolo de su desaprobación. Estoy seguro que las imágenes mentales empezaron a bombardear a la madre de Andrea, recuerdos que seguramente ningún progenitor quisiera tener de su hija o hijo, o en su caso un hermano. Algo que quizá impulsó a Guillermo Aramayo a tomar la palabra:
―Quiero decirles a las testigos Marilía y Yasmín que no se vendan, que digan lo que ha pasado. Al hermano de William Kushner, quiero preguntarles a los médicos que internaron a Kushner, a la policía, a los forenses ¿Dónde queda la ética y la transparencia? Y a Kushner le digo: no quiero que sufras, quiero que en tu conciencia esté lo que hiciste, que en la cárcel donde estás ahora te traten bien, para que no huyas como el cobarde que eres…
Última parada: “Estamos en el lugar donde los violentos, los asesinos, quedan impunes…”
A esta altura, queda poco por describir. Muchos se han cansado pero aún continúan tras el carro plateado, pero el sol les da un respiro, pues sus rayos ya no queman como hace una hora.
―Hemos pasado por el Ministerio de Justicia donde no hay justicia, donde la ley es un discurso, donde hacen gigantografías con el lema “alto a la violencia hacia las mujeres”, pero se queda en las estadísticas de mujeres asesinadas…
Aquí hay tanta gente que está exigiendo justicia para ti, 30 años de cárcel sin indulto para William Kushner. En el momento en que a la estadística, en el momento en que el slogan se convierta en sentencia para los asesinos, en ese momento habrá lucha contra la violencia hacia las mujeres.
Guillermo intuye lo que, tal vez, muchos se preguntan: ¿Qué sigue después? El poder a veces puede más que la justicia, y para la muestra basta indagar al interior de las cárceles. Son momentos de susceptibilidad por un futuro que se muestra largo y tendido en torno a este caso.
― Vienen meses duros en los que tenemos que probar que William Kushner te ha matado… Mi hermana tenía la facilidad de hacerse querer por todo el mundo. Arturo Fortún la conoció ese día y a pesar de conocerla solamente unas horas, se arriesgó para que este tipo no huya como un cobarde…  Arturo, no hay palabras para agradecerte ya que todo esto no estaría siendo posible si no fuera por ti.  Hermano, gracias, todos te damos las gracias.
Con el final vienen los aplausos, con este el retiro de los familiares y de aquel carro plateado que lleva consigo los restos de  una joven mujer, y cuya muerte no sea parte de una simple estadística.
/AGL-ZA/FC/
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