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(Libro) Los orígenes libertarios del Primero de Mayo: de Chicago a América Latina (1886-1930)

Presentación

Un movimiento obrero. Un día. Una tragedia. Tal parece que cada vez que los de abajo se mueven por su emancipación, un sino trágico les acompaña. Esta vez el escenario es la ciudad de Chicago en EEUU, a fines de los ‘80 del siglo XIX.

¿Cuántos de los asistentes a la tradicional marcha del 1º de Mayo conocen la historia que da origen a dicho evento? Quizás no muchos, y menos deben saber que aquellos obreros que subían al podium de los ejecutados eran anarquistas. Que muchas huelgas, en las cuales siempre había algún obrero muerto resultado del enfrentamiento con la policía, fueron las que antecedieron algunas reivindicaciones que aún no se han perdido, pero que todavía hay que defender, pese al paso del tiempo y la aplanadora capitalista.
En estas páginas presentamos el trabajo de un grupo de jóvenes latinoamericanos, entregándonos la historia que da origen a una conmemoración que llega a todos los rincones del planeta, el Primero de Mayo, y su repercusión en América Latina durante los primeros años del siglo XX, exponiendo una síntesis de los hechos que fueron dando vida a esta fecha.

De gran importancia resulta leer estos papeles para darnos cuenta que las conquistas de la clase trabajadora jamás fueron regalos de la patronal, sino una constante de movilizaciones y huelgas que fueron obteniendo sus frutos a medida que las organizaciones obreras crecían. Si bien hoy la fuerza de estas organizaciones dista mucho de las de ese entonces, puede que la lectura necesaria de este libro aporte al desarrollo de un pensamiento y una acción que relea el pasado para caminar el presente, visualizando un futuro que apuesta a esa revolución social tan ansiada ayer y que creemos tan necesaria hoy.

Editorial Quimantú
Mayo de 2010

A modo de introducción

En sus manos tiene un humilde tributo a los hombres y mujeres que con su esfuerzos y dedicación forjaron las bases del movimiento obrero, sindical y popular. A ellos les debemos las conquistas sociales que hoy gozamos y que, no debemos olvidarlo, han costado sudor y sangre. Estas conquistas hoy peligran en medio de una ofensiva voraz del llamado neoliberalismo, de un empresariado insaciable, que está llevando a la clase trabajadora a niveles de miseria históricos, e incluso a países completos a la quiebra. En estas últimas décadas, ya se ha perdido cualquier ilusión de colaboración de clases, cualquier ilusión de reforma social o de chorreo, en tanto que la patronal ha decidido declarar una guerra sin cuartel a los derechos de la clase trabajadora. Derechos que no son “naturales”, sino que han sido ganados por la lucha y que con la lucha debemos saber defenderlos –por nosotros y por nuestros hijos.

La tragedia de Chicago, el crimen del empresariado norteamericano, que estranguló a los mártires de la clase obrera como una manera de detener el irrefrenable avance de los trabajadores exigiendo su derecho a vivir, se desvanece en las tinieblas del tiempo y es menester que los sectores consientes del pueblo refresquen esta memoria, traigan nuevamente a la vida a los compañeros y las compañeras que con su palabra y su ejemplo nos enseñaron la solidaridad y nos señalaron una ruta hacia el bienestar y la libertad.

Ahora, que las clases dominantes de América Latina se preparan a celebrar el bicentenario de su dominación sobre el pueblo, sobre los pobres, sobre los trabajadores, es necesario salir a recordar esa otra historia que se forjó de la mano de millones de personas, en su mayoría anónimas, cuyo sudor creó todas las riquezas de esta tierra y con cuya rebeldía, y con no pocos sacrificios, conquistamos cada uno de esos derechos que hoy empresarios y politiqueros manosean según su conveniencia. Esa otra historia debe ser contada por gente común y corriente, pues los historiadores oficiales, em­peñados en dar a su versión oficialista de “la” historia, aires de cuentos de hadas, se encargarán de ocultarla por todos los medios a su disposición.

Es un deber moral recordar a los valientes de Chicago cuyos cuerpos colgaron de la horca por defender las ocho horas de trabajo y el derecho de los trabajadores a una sociedad nueva. Jamás debemos olvidar a los miles que marcharon todos los Primeros de Mayo por las calles latinoa­mericanas, en huelga, abandonando sus lugares de trabajo, para tener siquiera algunos derechos. Ni olvidar tampoco a los otros miles que al reclamar por su dignidad, perecieron acribillados cobardemente por una soldadesca que pretende posar como “defensora del pueblo”. Ellos, los ignorados de la historia “oficial”, son a quienes debemos celebrar todos los días, siguiendo su ejemplo.

Este proyecto comenzó, sencillamente, como una idea entre tres jóvenes historiadores, de cepa libertaria, de Ecuador, Chile y Costa Rica. Luego me pidieron que escribiera una introducción que sirviera de enlace para la historia de los orígenes libertarios en estos tres países. Después la bola de nieve fue creciendo, hasta llegar a la versión que hoy tiene en sus manos. Nuevos compañeros se fueron sumando al camino, todos gente que nos hemos conocido organizando, luchando e intercambiando opiniones. Al­gunos historiadores, otros no. Algunos con trayectoria profesional, otros sin ella. Algunos trabajos son individuales, otros colectivos. Todos igualmente rigurosos en el trato de los datos. Todos de afinidad libertaria.

Pero lo que nos mueve no es un excesivo celo partidista ni un ánimo ex­clusivista; no nos anima el reclamo de la historia y sus figuras para nuestra corriente. Más bien lo que nos mueve es el ánimo contrario: recuperar nuestras ideas y prácticas para el pueblo. Pues el movimiento libertario está en la base, en las raíces profundas de la organización popular, de las conquistas sociales más básicas. La historia del anarquismo, para bien o para mal, es indisociable de la historia de la organización obrera en América Latina. Y hemos considerado nuestra responsabilidad, nuestro deber, el rescatar esta memoria para facilitar que todos los trabajadores que lean esta publicación puedan apropiarse de ella. Pues no importa si el lector es pentecostal, estalinista o espiritista: esta historia es también su historia, por el sólo hecho de ser uno más de los hijos del pueblo. Nuestro ánimo no es otro que compartir esta historia, y de hacerlo con mucho amor por los que entregaron todo, amor por los que hoy luchan y entregan todo, amor por los que aún no nacen y que merecen todo. Recordemos, apren­damos y honremos esta memoria, que no es patrimonio de una corriente política determinada, sino que de todos nosotros, independientemente de credos y persuasiones.

Dedicamos este trabajo a todas esas compañeras y compañeros que en un lejano Primero de Mayo, como hoy, decidieron que sus vidas valían más que todo lo que este sistema les puede ofrecer; lo dedicamos a los que ofrendaron su vida a cambio de un futuro mejor para la humanidad; lo dedicamos a los que hoy enfrentan con valor la represión y las amenazas para defender sus derechos y avanzar hacia una sociedad más humana; y lo dedicamos, de manera especial, a todos aquellos trabajadores a quienes aún no les nace la conciencia y que no se dan cuenta que la vida puede ser mucho más que trabajo, precariedad y evasiones para matar el tiempo libre.

Hoy es Primero de Mayo, hoy es el día en que a millones les ha nacido la conciencia, hoy es el día para perder el miedo y decir ¡basta!

José Antonio Gutiérrez D.

1º de Mayo, 2010

Link de descarga: http://resistenciaobrerafat.files.wordpress.com/2012/06/origenesprimeromayoa.pdf

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