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Érase una vez en Deudolandia

‘España no ha sido rescatada porque no lo necesita’, dícese que decía Don Cristóbal Montoro, ministro del Reino de la lobotomía, el pasado 20 de junio en el esperpéntico ejercicio de sus funciones, para ‘transmitir confianza’ a la plebe.
 
Qué gracioso el ministro bufón. O qué tonto, o mentiroso, o traidor, o sinvergüenza, o ladrón. Nos queda la duda. Lástima que la deuda de la banca ‘española’ fuese valorada, hace ya más de dos años, en algo menos de 500.000 millones de euros.

Eso sí: luego, pocos días después de celebrar el ‘no-rescate’, nos dijeron que era ‘nocivo’. ¿Es que son imbéciles o su intención es marear a la audiencia para hipnotizarla? Aquí no hay duda: ambas opciones son ciertas.
 
Llamadlo rescate, préstamo, San Antón o la Purísima: el Reino futbolero ya ha sido invadido, ocupado, sometido, saqueado y vaciado. Y lo cierto es que la inmensa mayoría de sus habitantes desean que alguien o algo nos rescate de verdad. Pero de ésta, amiguitos, salimos nosotros mismos o no nos saca ni el arcángel San Gabriel.
 
Adolf Merkel, ama y señora de la nueva Alemania imperial, aconsejaba a Marianico el Breve para que ‘sea más claro cuando vuelva a pedir otro rescate’… y Marianico va y lo pide. Más bien le ordenan que lo pida y, aun así, su ministro Don Luis de Windows saca pecho porque las condiciones del enésimo ‘préstamo’ no van a ser tan malas como esperaba. ‘Ya está todo arreglado’, dicen. Ya se sabe: entre palo y palo cae una zanahoria. Y nos la comemos siempre. Y todos venden la mentira de que la banca está saciada. Y una mierda.


Érase una vez el Reino de la deuda, con su Corte de ladrones y su Pueblo llano.
 
Todo sucede, más o menos, de la siguiente manera.
 
La pirámide del feudalismo neoliberal en el siglo XXI no se diferencia mucho de ésa que, siete siglos atrás, organizó la sociedad medieval en tres o cuatro estamentos:

La corona en lo más alto.

Por la corte de la deuda pululan la nobleza bancaria, la empresarial, el clero y las dos dinastías de gobernadores del Reino: los vasallos de la gaviota y los del capullo.

Debajo, el pueblo llano.

En la base, distinguir a los menesterosos del pueblo llano es cada vez más difícil.

Ahora las funciones de control de la plebe corren a cargo de  la televisión y las fuerzas de seguridad del Reino. En la pantalla, unos cuantos deportistas profesionales anestesian a la plebe a cambio de una millonada libre de impuestos. En la calle, la policía reparte hostias a discreción por un sueldo fijo. Aunque todos ellos proceden del pueblo llano, no dudan en traicionarlo para defender a la nobleza. El foso que siempre ha defendido los aposentos de los nobles es cada vez más ancho, tan ancho que ya casi nadie les cree. Todos, en especial la clase política, están cerca de ser los verdaderos apestados de la sociedad. Y eso les hace más peligrosos que nunca.
 
Los vasallos de la gaviota, que siempre fueron más crueles pero más sinceros que los del capullo, llevan los últimos 6 meses profiriendo embustes como palacios para seguir robando, proteger las fortunas de banqueros y otros parásitos acomodados, negar la salud y la educación al pueblo y encerrar, desterrar o ejecutar a los menesterosos. Pero conservan la honestidad de quien declara la guerra a sus súbditos tratándonos como a ‘enemigos’ cuando el patriotismo de garrafón no les funciona.
 
Mientras preparan los gases lacrimógenos, calientan las porras y suspenden Schengen para proteger a la nobleza criminal, un bando anuncia:
 
“Por Dios, por la Virgen del Pilar y por el Rey Elefanticida, Osicida y Campechano, celebraréis vuestra muerte y la de vuestros hijos con tal de que ‘la roja’ vuelva a salir campeona. Y, si gana, le regalaréis 7 millones de euros”.
 
Pero el divino plan de acumular riqueza sin control se torció y las cuentas del Reino postfranquista se descalabraron justo en el momento en que la Emperatriz Merkel lanzaba sus tropas a conquistar el frente del Sur. ¿O es la nobleza bancaria mundial la que cabalga hacia el Sur sobre un robusto rocín llamado Merkel?

Dejémonos de cuentos y gritad la verdad: ¡Traidores! ¡Ladrones! ¡Asesinos!


Sea como fuere, la cuestión es que el ataque avanza y el Reino del ladrillo se dispone a entrar en bancarrota. Cuando semejante desgracia ocurre, los salarios de sus funcionarios o cualquier otro gasto del Reino son los primeros sacrificados, pero a la vez se abaratan las cotizaciones de las empresas, la evasión fiscal se legaliza y las tasas públicas crecen. Siempre por la gracia del dios Euro. Si los salarios se desploman es ‘por el bien de todos’, pero si los precios no bajan es ‘por el bien de todos’. En resumen: los siervos tenemos menos (o nada) y pagamos más, la nobleza se sigue enriqueciendo y el número de hambrientos crece. Una ley sagrada dice que ‘si no se puede devaluar la moneda, se devalúa a los pobres’.
 
Aunque la lógica más aplastante aconseje llenar con personas los 3,5 millones de casas vacías en el pútrido Reino del ladrillo, los nobles deciden seguir llenando las calles de gente sin techo. De esa forma confían en que el resto, temeroso de correr la misma suerte, no se atreva a protestar. Sin embargo, la dinastía del capullo vende por 1 euro la Caja de Ahorros del Mediterráneo al Banco de Sabadell y de propina le regala 5.000 millones. Y la de la gaviota enchufa 23.500 millones a Bankia… a fondo perdido. Por ejemplo. Y Don Rodrigo Rato, insigne contable de la corte, se marcha a triunfar en el negocio de las aseguradoras después de reventar el de los bancos. Y entre unos y otros, comprando armas que no usarán con un dinero que no existe, crean otros 40.000 millones de deuda inasumible.
 
En 2010, la deuda total en el Reino sumaba 4 billones de euros y  equivalía al 400% de su PIB. De mayor a menor disparate: empresas, banca, familias y estado. De hecho, la deuda pública rondaba sólo el 66% del PIB. Aún hoy, en 2012, no supera la media europea, pero pronto llegará al 90%. Antes de empezar este saqueo, la deuda no superaba el 40%.
 
Todo eso significa que las cuentas públicas no tienen absolutamente nada que ver con la ‘crisis’ y que el vaciamiento de éstas para regalarlo todo a los ladrones es precisamente lo que ha aumentado el déficit: dando miles de millones a la banca, salvando a la mafia inmobiliaria, privatizando la educación y la salud, de reforma en reforma laboral… regalando a la nobleza lo que se roba al pueblo. Como siempre pero más.

Luego el estado debe cubrir ese déficit endeudándose con la banca privada, esa deuda aumenta el déficit y los invasores ya tienen excusa para anunciar su ‘desconfianza’. Y nos ponen ‘malas notas’ para que los tipos de interés suban. Y eso vuelve a aumentar el déficit. Y eso vuelve a aumentar la deuda. Y se siguen regalando millones a los ladrones. Y el Reino del saqueo se sigue vaciando. Y los gobernantes dicen que eso es bueno. Y más súbditos se quedan sin nada. Es el ciclo virtuoso del expolio.

El penúltimo ejemplo, un préstamo de 100.000 millones para la banca, supone aumentar la deuda pública hasta el 90% del PIB. El último, de 62.000 millones, riza el rizo. Sólo los intereses de esos dos caramelos sumarán 100.000 millones más. En Deudolandia, el estado ha de pagar cada vez más por cada euro que le presta la banca privada –sí, amigos, los mismos a los que ya estábamos regalando cientos de miles de millones.

El teatrillo de la prima de riesgo.

Así ha de ejecutarse el robo porque así lo quieren los dueños del dinero y porque a la nobleza bancaria alemana le conviene. Y a nosotros nos cuentan un culebrón por capítulos.

La famosa ‘prima de riesgo’ es la diferencia entre el coste de financiación de cada país y el de la metrópolis imperial alemana, o sea, la diferencia entre los tipos de interés a 10 años que cada país ha de pagar por su deuda. La nuestra baila entre los 470 y los 590 puntos y el precio del bono español se mueve entre el 6 y el 7%. Por cada 1000 millones que nos prestan llegamos a pagar 1.700 a una mafia privada. ¿Buen negocio, verdad? A ellos sí les da dinero el BCE, pero regalado. O sea, que primero les regalamos nuestro dinero para que luego nos roben el resto. Así ha sido hasta ahora. Y que nadie se confíe cuando nos digan que la cosa cambia: si el BCE decide financiar directamente (como parece que se anunciará en breve), será en pro del ‘saqueo sostenible’ y la muerte definitiva de la política económica de los estados.

Una vez saqueado y vaciado, el estado es intervenido y su prima de riesgo se dispara: 2.500 puntos en Grecia, 900 en Portugal, 700 en Irlanda, España con su drama, Italia a por 500… la de Finlandia es sólo 38, pero que se jodan, que juegan muy mal al fútbol.

En cualquier caso, ese 7% de interés (y mucho menos también) hace imposible refinanciar la deuda. Por eso el teatrillo del ‘rescate’ y los vaivenes de la prima no cesan. Por eso el saqueo marcha viento en popa. Pronto volveremos a emitir deuda y, si la prima se mantiene, las pirañas que controlan el negocio se reirán de los bonos españoles y sus sicarios de la Troika (Comisión de la UE, FMI y BCE) nos darán la extremaunción. Cuando quienes operan tras el cartel de ‘los mercados’ dicen desconfiar de la situación de un país, la fuga de capitales acelera el proceso. Pero son ellos mismos, los dueños del dinero, los que no dejan de ganar en ningún momento, de principio a fin. Como a Grecia, Portugal e Irlanda, llevan a España a la bancarrota porque es el mejor negocio que se les ocurre. Lo harán también con Italia. Caiga quien caiga.

Como si planearan, ejecutaran y celebraran el secuestro, la violación, el asesinato y el descuartizamiento de una persona, pero con estados enteros.

En realidad, todo que acabamos de ver es resultado del cálculo previo y la ‘toma de posiciones’ de quienes van a seguir haciendo negocio con el saqueo. Todo está calculado. Si la prima sube, es que van a atacar. Si baja, es porque conviene esperar. Cuanto más se endeuda el Reino de la Deuda, más ha de pagar por su deuda. Y cuanto más ha de pagar, más se endeuda. Y todo rima.

¿Por qué, por qué, por qué quieren matarnos?


Pues por la misma razón que hace siglos se enviaba a la chusma a morir remando en galeras (porque hacía falta), pero al revés –porque ya no les hacemos falta. Al menos por aquel entonces la chusma no votaba a sus verdugos. Pero hoy… ¿sabéis quién ha inventado esta chaladura? Pues nosotros mismos, o mejor dicho: los malnacidos no electos que dan órdenes a los malnacidos electos que nos representan y traicionan porque les hemos votado sin preguntarnos qué carajo será lo que se celebra en cada ‘fiesta de la democracia’. Pues hala, ya lo sabemos, lo que se celebra es un crimen. Ahora todos a votarles otra vez. Si toleramos esto, será porque somos gilipollas. ¡Que viva el ‘feudalismo electo’!

Y lo mejor de todo es que no les ha sido muy difícil llegar a este punto. Hasta hace poco, nuestra estupidez nos hacía despreciar el sufrimiento del Otro, pero ahora ya somos el Otro.

¡Que sí, que sí, que esto es una guerra!


No nos engañemos, no es verdad que nos estén devolviendo a un régimen esclavista. A los esclavos se les secuestraba y explotaba hasta la muerte porque hacían falta brazos y era mucho más barato usar los brazos de seres ‘medio humanos’. Ahora ya no les hacemos falta, o eso pregona la nueva biblia (no tan nueva) de un capitalismo que muere matando.

Antes había que producir, pero ahora el 90% de la riqueza mundial es virtual: no sale de nuestras manos y nuestros ojos jamás la verán. La riqueza se multiplica por sí misma y el poder se ejerce sobre nuestras vidas convirtiendo territorios enteros en campos de concentración. Por eso Marianico el Breve, en el papel de miserable colaboracionista, suplica la unión fiscal, la integración bancaria y lo que haga falta para que sean Adolf Merkel y el BCE quienes dicten todas las decisiones económicas sobre territorio invadido. El ocupado pidiendo que el ocupante consume la invasión… Qué bonito.

Queda poco que explicar y mucho que actuar. Esto es una crisis de acumulación parcheada desde los años setenta a base de privatizaciones, mercantilización y burbujas de especulación financiera, ahora por aquí y siempre por allá. Más rápido y sangriento por allá, despacio y con vaselina por aquí. Este sistema podrido ha generado la mayor concentración de riqueza, el mayor nivel de desigualdad y la cifra más alta de muertos de la historia.

Hace poco más de dos años, cuando el Imperio de la Muerte invadía Grecia, una muchedumbre miraba atónita a los cuatro gilipollas que se atrevieran a pasear un cartel en solidaridad con el pueblo griego. Estaba mejor visto salir a la calle a gritar ‘yo soy españó, españó, españó…’.

Hace apenas un año que la masa miraba atónita cómo nuestra escoria parlamentaria ejecutaba un autogolpe de estado para deshacerse de sus últimas competencias económicas.

No olvidemos lo que los insignes demócratas llevan años repitiendo. ¿‘tolerancia cero con el terrorismo y la extorsión’? Tomémosles la palabra. ¿Que caiga sobre ellos ‘todo el peso de la ley’? Así sea. Pero la ley es SU ley, lo que demuestra cuán democrático es el Reino postfranquista. Recordad que, si no nos representan, está en nuestras manos poner los medios para demostrarlo. Recordad que, lo queramos o no, estamos en guerra. Quien no quiera entender esto puede dar por perdida su condición de ser humano. La revolución no es una opción. No hay alternativa a la alternativa de organizarse y resistir para QUE SE VAYAN TODOS, la gente tome las decisiones y haya, por fin, democracia.

La solución es, en realidad, bien fácil. Cuatro de sus condiciones necesarias son:

1. La deuda no se paga porque es ilegítima y su aumento resulta de ese chantaje que ha hinchado las cuentas de una minoría de criminales financieros.

2. El sistema financiero se cancela para recuperar su exclusiva función financiera. La banca privada se ilegaliza y elimina porque el dinero por sí solo no debe hacer más dinero.

3. La especulación con el trabajo (que no es otra cosa que tráfico de personas) se ilegaliza igualmente porque el trabajo ha de tener, como único fin, la contribución de cada persona a una vida digna para sí y para el resto de la sociedad.

4. Las necesidades básicas de los seres humanos han de corresponderse con sus respectivos derechos fundamentales y la sociedad debe garantizar su cobertura a todo bicho viviente.

Eso significa CAMBIAR DE SISTEMA.

La mala noticia es que eso no se consigue chutando un penalti.

La buena, que conseguirlo es tan posible como necesario.

Es una cuestión de supervivencia, dignidad y justicia.


ASSI. 21 de junio de 2012
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