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[Bolivia] El gasto heroico: Manifiesto Ácrata

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La vida es producto del excedente de energía. Lo más consecuente con este acontecimiento es el gasto heroico, la entrega total sin esperar nada a cambio, pues la economía general, de la que quería hacer teoría Georges Bataille, dentro de la que entra el gasto heroico, no entra en los circuitos del intercambio. El gasto es consumo de energía, derroche de energía por la alegría de hacerlo, el placer y el gusto de usar el excedente de energía dedicado al acontecimiento estético. El gasto heroico ha reivindicado la política o efectuado la política de esta manera, como lucha emancipadora y liberadora sin esperar un intercambio, sino una transformación.

Cuando nos vemos estos eventos de gasto heroico, sobre todo en jóvenes que se entregan a la causa inconmensurable de la transformación radical, de la suspensión de los mecanismos de dominación, nunca deja de asombrarnos, sobre todo en un mundo cambalache. Estos jóvenes nos hacen recuerdo de que la fuerza de la vida es más intensa que las formalidades; es precisamente vital frente a las instituciones muertas, revividas con constantes transfusiones de parte de los que usan al Estado para enriquecerse. Hay como una consciencia en ellos, en los jóvenes rebeldes, de que en el comercio y en el sistema financiero se halla como el secreteo de esta restricción de la vida, este disciplinamiento y formalismo, de esta domesticación, sólo con el objeto del crecimiento, el “desarrollo”, la ganancia de los que tienen la compulsión por la valorización dineraria.

Hay que rendir pleitesía y aprender de esta economía general que es la que comprende al gasto heroico, sobre todo para escapar de la economía restringida, de la economía reducida a la cuantificación dineraria y a las estadísticas ilusorias del crecimiento. Esta economía restringida obvia que mientras imagina crecimiento económico, lo hace ante multitudes crecientes de pobres, sobre todo de hambrientos, llevando la crisis a todas partes como si fuesen los caballos del Apocalipsis. El gasto heroico se enfrenta a esta rutina mortuoria, a la que han acostumbrado a la humanidad los regímenes de las dominaciones. El gasto heroico se enfrenta al poder categóricamente. No pueden coexistir ambos, son excluyentes. Aunque hay gobernadores que creen que pueden convencer a la gente con el fin de la historia, con que el fin de la historia es el Estado-nación, el fin de la historia es la sociedad de las desigualdades y las discriminaciones, que se arreglaran con el tiempo mediante la formalización de la democracia, la restricción de la misma al ritual de las elecciones y el discurso paternalista de los políticos de turno. El Estado es el Estado, es decir, es la cristalización de la economía restringida, la economía capitalista, opuesta a la economía general, la de la vida, la del gasto heroico y la alegría de vivir.

No es de extrañar que sea desde la actividad cultural desde donde nazcan expresiones contestatarias. Hay una doble nobleza en estos escenarios; la que viene de los jóvenes dedicados a las artes y la que viene de los que se entregan a la creación sublime de la consumación estética, en esta consumación se encuentra el gasto heroico.

Los poderosos odian a los artistas, al arte en general; a los jóvenes, sospechosos de contener un espíritu rebelde; odian a las mujeres, sospechosas de conllevar el desborde que destroza las formalidades y las instituciones; odian a los indígenas, sospechosos de ser los herederos de civilizaciones del circuito del don y anti-utilitaristas. Por eso descargan su furia ante movimientos que nacen de estas subjetividades demandantes y que tienden a desbordar los límites impuestos. Este odio es más notorio en quienes en su pasado alguna vez fueron rebeldes o intentaron serlo, pues los actos contestatarios les recuerda a su pasado, al que enterraron y olvidaron, creyendo que fue una veleidad de juventud. Peor, aún, algunos creen que lo que hacen ahora es como una continuación madura de lo que hicieron, tratando de justificar sus dolorosas contradicciones. Por eso no es casual que los que reprimen con más saña sean estos ex rebeldes y excombatientes o, en su caso, emuladores de protagonismos de antaño.

Pero, hagan lo que hagan los poderosos, sus aparatos de represión, la violencia descomunal del Estado, abierta y velada, la vida no se detiene ante estas restricciones formales de la vida. La Lucha continua hasta las emancipaciones y liberaciones integrales, completas, totales.

El problema es el terrorismo de Estado

El problema no son los supuestos terroristas sino el terrorismo de Estado. En esto llama la atención tanto los gobiernos de la reconocida derecha e imperial así como los gobiernos progresistas. Ambas formas de gobierno trabajan acuciosamente para elaborar leyes antiterroristas, leyes de criminalización de la protesta; ambos se parecen en su paranoia, viendo enemigos en todas partes. Si no estás conmigo estas con el terrorismo. En esto no hay distancia entre los dos presidentes republicanos estadunidenses Bush, padre e hijo, y los presidentes progresistas, obsesionados también de luchar contra el terrorismo, aplicando las mismas medidas, como la congelación de cuentas vinculadas al supuesto terrorismo. ¿Si la misma obsesión los acerca contra el fantasma del terrorismo, no serán, al final de cuentas, lo mismo, defendiendo el mismo monstruo de las dominaciones polimorfas y del capital, el Estado?

El problema es el Estado, el terrorismo de Estado inherente, pues no puede escapar de esta descomunal represalia, debido a que forma parte de la extensión de su economía restringida, utilitarista, de la economía especulativa financiera, de los recursos de las manipulaciones y los chantajes, de las coerciones y las amenazas, del atemorizamiento general de la población con los fantasmas del caos, de la anarquía y del terror. Cuando es precisamente el Estado el núcleo organizador del terror, el gran Leviatán, el monstro delegado para extirpar la guerra de todos contra todos e imponer la guerra infinita en la filigrana d la paz. El Estado es el artífice de los montajes y teatralizaciones, puede inventarse guerras, cuando son Estado dominantes, puede inventarse conspiraciones, en caso de todos los estados, dominantes y subalternos.

Hemos caído en una red de chantajes por parte del Estado, que tienen como rehén a la propia sociedad, a los ciudadanos y comunidades. No importa la verdad sino las apariencias, no importa la realidad sino el imaginario, lo que supone el Estado y los medios de comunicación que es la realidad.

Entonces el problema está en el terrorismo inherente del Estado y no en el fantasma del terrorismo.

La lucha continúa

¡La lucha continúa! Hagan lo que hagan los poderosos, su aparato estatal, sus instrumentos de represión, sus servicios de inteligencia, que para lo único que sirven es inventarse conspiraciones y supuestos actos de terror y separatismo. La lucha continúa, pues la vida es desbordante y no puede detener su proliferante energía, ni las alambradas contra la IX marcha indígena, ni las cárceles, a las que quiere condenar a las y los rebeldes, ni las instituciones disciplinarias y de control, fosilizadas en el contexto y la coyuntura de la crisis estructural del capitalismo.

Bolpress

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